Gracias ciegos por acompañarme en esta soledumbre.
Lloro con los ojos abiertos
para no cortar lágrimas recién nacidas.
Gota a gota mojas la acera.
El día agoniza y siento que alguien me observa;
ojos atentos a lo que escribo
Nadie sabe como sabe el día en rodajas,
Nadie soy yo.
La mañana va muriendo como yo tendida en tu mojado.
De noche nace el deseo,
Se come mi joya, viene la madrugada y limpia sus restos.
Las flores son demonios pintados de colores.
Las sillas piden que las saquen a pasear
Siempre en el mismo lugar, frío como tus labios.
Pobres mis soles, descansan sedientos de amar.
No hay palabra que encaje en esta mendiga.
Todo intento de salvación se queda a medias,
Me aburren las clases de ética y moral.
El piso se inunda de semen con cada paso que da el profesor.
Sus ojos fijos a mi descote, allá en el fin del mundo.
Payasos,
Entre tantos demonios yo soy una especie nueva:
mujer de cuatro pechos y de vagina y media.
Masa que ya no quiere ser moldeada;
labios que ya no quieren revivir hombres;
piernas que ya no desean ser abiertas;
fuente que prefiere el agua sucia;
risa que se parece a un orgasmo fingido;
manos que se pelearon con la cocina;
ojos que ya no quieren mirar la ducha del baño;
caderas que perdieron tu ritmo;
boca que ya no calza en tu falo;
lunares que escriben por demencia.
Hola, soy el dolor reencarnado.
Dancemos juntos por la poza de los recuerdos.
Tráeme a la vida o húndeme en el fango.
Renuncio a las mañanas, al café con leche y al mango con sal.
Renuncio al filtro de tus calzoncillos y tus vicios matutinos.
Caigo y me levanto.
A penas toco la punta y alguien me empuja al abismo.
Mientras desciendo, sus plumas me caen encima.
Son cientos de agujas agonizando en mi pecho.
Voy a subastar mi inocencia,
el himen que nunca pudo ser naufragado por tus tripulantes:
El señor Liborio y sus dos esclavos.
Alzo la voz para que me escuchen los duendes.
Ahogo mis pecados en el perol del caldo.
Escucho quejidos, pasos que anuncian la visita de negro.
Descubro que no me quieren en ese hueco.
Van dos minutos y termino mi gloria
La bruja de aquel cuento me besa en la frente y dice:
Despierta princesa, ganaste de nuevo.
Lloro con los ojos abiertos
para no cortar lágrimas recién nacidas.
Gota a gota mojas la acera.
El día agoniza y siento que alguien me observa;
ojos atentos a lo que escribo
Nadie sabe como sabe el día en rodajas,
Nadie soy yo.
La mañana va muriendo como yo tendida en tu mojado.
De noche nace el deseo,
Se come mi joya, viene la madrugada y limpia sus restos.
Las flores son demonios pintados de colores.
Las sillas piden que las saquen a pasear
Siempre en el mismo lugar, frío como tus labios.
Pobres mis soles, descansan sedientos de amar.
No hay palabra que encaje en esta mendiga.
Todo intento de salvación se queda a medias,
Me aburren las clases de ética y moral.
El piso se inunda de semen con cada paso que da el profesor.
Sus ojos fijos a mi descote, allá en el fin del mundo.
Payasos,
Entre tantos demonios yo soy una especie nueva:
mujer de cuatro pechos y de vagina y media.
Masa que ya no quiere ser moldeada;
labios que ya no quieren revivir hombres;
piernas que ya no desean ser abiertas;
fuente que prefiere el agua sucia;
risa que se parece a un orgasmo fingido;
manos que se pelearon con la cocina;
ojos que ya no quieren mirar la ducha del baño;
caderas que perdieron tu ritmo;
boca que ya no calza en tu falo;
lunares que escriben por demencia.
Hola, soy el dolor reencarnado.
Dancemos juntos por la poza de los recuerdos.
Tráeme a la vida o húndeme en el fango.
Renuncio a las mañanas, al café con leche y al mango con sal.
Renuncio al filtro de tus calzoncillos y tus vicios matutinos.
Caigo y me levanto.
A penas toco la punta y alguien me empuja al abismo.
Mientras desciendo, sus plumas me caen encima.
Son cientos de agujas agonizando en mi pecho.
Voy a subastar mi inocencia,
el himen que nunca pudo ser naufragado por tus tripulantes:
El señor Liborio y sus dos esclavos.
Alzo la voz para que me escuchen los duendes.
Ahogo mis pecados en el perol del caldo.
Escucho quejidos, pasos que anuncian la visita de negro.
Descubro que no me quieren en ese hueco.
Van dos minutos y termino mi gloria
La bruja de aquel cuento me besa en la frente y dice:
Despierta princesa, ganaste de nuevo.
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